945 27 06 59 msolperez@cop.es
C/ Siervas de Jesús, 29-1º ofic. 21

Otros problemas

psicologo alava vitoria estado-de-animo-adolescentesPueden aparecer otros problemas además de los mencionados en los apartados anteriores. No obstante, hay que tener en cuenta que los problemas que se pueden presentar en la población infantojuvenil son tan amplios como los que se pueden dar en los adultos. En esta sección se recogen algunos de ellos. Evidentemente quedan otros muchos que no aparecen, lo que no quiere decir que no se produzcan.

1)  Trastorno por estrés postraumático (TEPT)

Este trastorno se produce como consecuencia de la exposición del niño a un acontecimiento estresante y extremadamente traumático, o cuando ha sido testigo o conoce alguna situación en la que existe una amenaza para la vida de otras personas. Algunas de esas situaciones serían los desastres naturales, accidentes aéreos o automovilísticos con heridos graves, incendios, violencia física, agresiones sexuales, etc.

Leer más...

Los niños expuestos a cualquier acontecimiento estresante pueden reaccionar ante el terror con comportamientos desestructurados o agitados. Ante los recuerdos, los niños pequeños puede expresarlo con juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos del trauma, los sueños pueden ser terroríficos y de contenido irreconocible o se puede producir la reescenificación del acontecimiento traumático.

No todos los niños y adolescentes que pasen por un suceso traumático desarrollan un trastorno. Esto dependerá de las habilidades de afrontamiento de las que disponga, de los recursos de apoyo que reciba, así como de la proximidad y la recurrencia del suceso.

2)  Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

Se caracteriza por la presencia de obsesiones y/o compulsiones recurrentes que interfieren en la vida diaria de quien lo sufre.

Puede obtener más información sobre la definición de obsesiones y compulsiones en Adultos.

Leer más...

Durante la infancia es habitual ver a los niños realizar conductas rituales que varían según la edad. No obstante, hay ocasiones en las que esas conductas dejan de ser normales y se convierten en un trastorno que afecta en las actividades diarias del niño.

Mientras que los adultos son conscientes y reconocen que las obsesiones y las compulsiones son irracionales, los niños no son capaces de reconocerlo. Además, niños y adolescentes no suelen informar de sus síntomas, sus obsesiones y/o sus rituales, y suelen ser muy resistentes ante la petición de esa información.

Los rituales más frecuentes entre los niños, son los de lavado, comprobación y puesta en orden de objetos, además tienen tendencia a implicar a sus padres en ellos.

3)  Problemas de conducta

3.1 Problemas cotidianos de conducta en la infancia

La desobediencia y la conducta agresiva en la infancia son dos de las quejas más frecuentes de los padres y educadores. Con frecuencia ambas aparecen juntas.

Desobediencia

Leer más...

Algunos autores resumen la desobediencia indicando que esta conducta se puede producir de cuatro formas distintas:

  • Cuando el adulto (padre, madre, abuelo, educador…) le pide al niño que realice una conducta (siéntate, ven a comer…) y éste no la inicia en el tiempo establecido. Como referencia indican un lapso de tiempo aproximado de 20 segundos. Este es un criterio general y habría que tener en cuenta la edad del niño, el tipo de conducta que se le ha pedido, etc.
  • El adulto le pide que deje de hacer lo que está haciendo y el niño no para dentro de los primeros 20 segundos (deja de jugar…).
  • El niño realiza conductas que están implícitamente prohibidas (jugar con el balón dentro de casa).
  • El niño no realiza conductas implícitas que son obligatorias (lavarse los dientes después de cada comida, recoger la ropa después de la ducha…).

Hay que tener en cuenta que muchas de esas conductas tienden a desaparecer por sí mismas con la edad. Por tanto es complicado establecer el punto de corte entre lo que se considera normal y lo que puede ser patológico.

Para establecer esa diferencia (complicada ya de por sí), habrá que tener en cuenta la frecuencia (nº de veces que aparece la conducta) y la variedad (si hay más de una) con la que se están produciendo esas conductas, su gravedad (no es lo mismo no hacer caso, que responder chillando o insultando), el número de conductas que aparecen en el niño (cuantas conductas desobedientes presenta) y la diversidad de los contextos en los que aparecen (casa, escuela…). Además, hay que considerar si estas conductas están generando problemas importantes en las relaciones en el ámbito familiar o interfiere con el normal desarrollo evolutivo del niño en el ámbito social y/o académico.

Agresividad

Leer más...

Hay muchas definiciones de la agresividad. No obstante, no es un término fácil, motivo por el que para algunos autores, en general, al referirse a las conductas agresivas, hablan de que éstas lo son cuando son intencionales y pueden causar daño físico y/o psicológico. Mencionan conductas como pegar a otros, burlarse, ofenderles, tener rabietas (tirarse al suelo, gritar y golpear muebles…) o usar palabras inadecuadas para dirigirse a los demás.

En el caso de los niños, en general, la agresividad suele presentarse de forma directa, como un acto violento contra una persona. Éste puede ser físico (patadas, pellizcos, empujones, golpes..) o verbal (insultos, palabrotas, amenazas..). También se pueden manifestar de forma indirecta, de manera que el niño agrede contra los objetos de la persona que ha sido el origen del conflicto. En algunas ocasiones los niños manifiestan la agresividad de manera contenida (gesticulan, resoplan, se les ve expresiones faciales de frustración…).

Las conductas agresivas son frecuentes en la infancia y van disminuyendo con la edad, aunque en algunos niños persisten durante más tiempo.

Al igual que ocurre con la desobediencia, es importante delimitar las conductas agresivas normales y adaptativas, de las conductas inadaptativas o patológicas y distinguir si  se trata de un problema de conducta agresiva o de un trastorno, ya que ambas forman parte del mismo continuo pero se diferencian en la frecuencia, variedad, magnitud, gravedad, persistencia en el tiempo y la diversidad de los contextos en los que aparece. También hay que considerar si estas conductas están generando problemas importantes en las relaciones en el ámbito familiar o interfieren en el normal desarrollo evolutivo del niño en el ámbito social y/o académico.

3.2 Trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta

Los más habituales son:

a) Trastorno negativista desafiante (TND)

Leer más...

Suele ser normal encontrar conductas desafiantes o de oposición a lo largo del ciclo evolutivo de un niño. En la mayoría de los casos estas van desapareciendo con el tiempo, no obstante en algunos niños esta conducta sigue existiendo en magnitud, frecuencia y/o forma, de manera persistente en el tiempo y más de lo que cabría esperar en un niño/adolescente de su edad, generando un deterioro significativo en el ámbito social, académico…

La característica fundamental es la de un patrón de enfado/ irritabilidad, discusiones/actitud desafiante o vengativa, dirigida sobretodo a figuras de autoridad, que dura por lo menos seis meses y que se manifiesta con algunas de las siguientes conductas:

  • Enfado/irritabilidad (a menudo pierde la calma, está susceptible o se molesta con facilidad y/o está enfadado y resentido).
  • Discusiones/actitud desafiante (discute a menudo con la autoridad o con los adultos, desafía activamente o rechaza satisfacer la petición por parte de figuras de autoridad o normas, molesta a los demás deliberadamente y/o culpa a los demás por sus errores o su mal comportamiento).
  • Vengativo (ha sido rencoroso o vengativo).

Otras cuestiones a tener en cuenta:

  • En la mayoría de las ocasiones este trastorno se manifiesta en el ámbito familiar, de manera que no se observa ni en la escuela ni en el resto de la comunidad.
  • Los síntomas son más evidentes cuando el niño o adolescente realiza interacciones con adultos o compañeros que conoce bien.
  • Normalmente estos niños y/o adolescentes encuentran justificaciones para su comportamiento (lo consideran una respuesta a exigencias o circunstancias no razonables).
  • En estos niños y adolescentes se suele observar baja autoestima y baja tolerancia a la frustración.

b) Trastorno de conducta (antiguo trastorno disocial)

Leer más...

Se caracteriza por tener un patrón de comportamiento persistente y repetitivo en el que el niño o adolescente viola los derechos básicos de otras personas o las normas que se consideran relevantes y adecuadas para su edad. Además éstos comportamientos provocan un deterioro significativo en el funcionamiento cotidiano, en el área familiar, social y/o académico, o bien las conductas se consideran inmanejables por las personas significativas del entorno de los niños.

Los comportamientos se clasifican en cuatro categorías, y cada una de esas categorías están formadas por una serie de actos concretos:

  • Agresión a personas y animales. A menudo acosa, amenaza o intimada a otros. A menudo inicia peleas. Ha usado un arma que puede provocar serios daños a terceros (ejemplos: Un bastón, un ladrillo, una botella rota, un cuchillo, un arma…). Ha ejercido la crueldad física contra personas. Ha ejercido la crueldad física contra animales. Ha robado enfrentándose a una víctima (atraco, robo de un monedero, extorsión, atraco a mano armada…). Ha violado sexualmente a alguien.
  • Destrucción de la propiedad. Ha prendido fuego deliberadamente con la intención de provocar daños graves. Ha destruido deliberadamente la propiedad de alguien (pero no por medio del fuego).
  • Fraudes o robos. Ha invadido la casa, edificio o automóvil de alguien. A menudo miente para obtener objetos o favores, o para evitar obligaciones (engaña a otros…). Ha robado objetos de valor no triviales sin enfrentarse a la víctima (hurto en una tienda sin violencia ni invasión, falsificación…).
  • Violaciones graves de normas. A menudo sale por la noche a pesar de la prohibición de sus padres, empezando antes de los 13 años. Ha pasado una noche fuera de casa sin permiso mientras vivía con sus padres o en un hogar de acogida, por lo menos dos veces o una vez si estuvo ausente durante un tiempo prolongado. A menudo falta a la escuela, empezando antes de los 13 años).

3.3 Otros...

4)  Trastornos del sueño.

El sueño es uno de los estados más comunes en al vida de cualquier persona. En condiciones normales pasamos durmiendo cerca de un tercio de la misma. La misión del sueño es la de recuperarse física y psíquicamente del desgaste que nos ha producido la actividad realizada durante el día.

Leer más...

A lo largo del desarrollo evolutivo nuestras necesidades de sueño varían en gran medida. Mientras un recién nacido pasa durmiendo las tres cuartas partes del día, durante los primeros meses de su vida se va reduciendo el número total de horas de sueño que necesita, pasando a ser el 50% a los seis meses. Este descenso sigue manteniéndose, aunque de manera menos acusada, durante la infancia, la adolescencia y aproximadamente hasta los 20 años, manteniéndose más o menos constante hasta la vejez.

Las necesidades de sueño del niño, al igual que sucede con las del adulto, varía de unos niños a otros. Desde la infancia ya se van observando esas preferencias individuales (dormir más o menos horas, trasnochar o madrugar). Hay que tener en cuenta también que el sueño del niño se puede ver afectado por factores como su estado de salud, la alimentación, las preocupaciones, el estado emocional, el cansancio físico o mental, el ritmo de vida, etc.

Las alteraciones en el sueño suelen ser la señal de que algo no marcha bien e interfieren en la vida familiar por lo que los padres lo pueden detectar fácilmente. Son indicativos las quejas del niño (problemas de insomnio) o el comportamiento alterado que muestra (sonambulismo o terrores nocturnos). En otras ocasiones los problemas pueden pasar desapercibidos tanto para los propios padres como para el niño. En estos casos se detectan otros síntomas como el cansancio, adormilamiento durante todo el día o el bajo rendimiento en la escuela.

Algunos de esos trastornos:

4.1 Insomnio

Leer más...

El insomnio es la dificultad persistente para conseguir un sueño reparador, debido a la dificultad para iniciar y/o mantener el sueño. Suele ser una queja muy frecuente en las consultas de pediatría.

En los niños menores de 5 años el insomnio casi siempre se produce bien por una adquisición inadecuada de los hábitos de sueño, o por problemas psicológicos (la entrada en el colegio o en la guardería puede generar en el niño ansiedad y ésta derivar en problemas de sueño, en otras ocasiones el temor a la oscuridad o a la soledad provocan miedo y/o ansiedad, pudiendo interferir en la conciliación del sueño…).

4.2 Pesadillas

Leer más...

Se trata de uno de los trastornos más frecuentes en la infancia. Se caracteriza por ser un sueño largo, muy elaborado, con una gran cantidad de detalles y que se va haciendo cada vez más angustioso, provocando en el niño un gran temor que hace que éste se despierte.

El contenido es muy variado, pero siempre hay componentes que suponen una amenaza para el niño, ya sea física (persecuciones, accidentes, etc.), o psicológica (sentimientos de vergüenza, fracaso…). Por lo general no se refieren a situaciones reales, salvo en aquellos niños que hayan sufrido alguna situación traumática.

El niño al despertarse responde de manera adecuada al entorno, mostrándose en todo momento en contacto con la realidad y manteniendo presente la sensación de miedo o angustia, incluso puede relatar el contenido del sueño y describir detalladamente qué es lo que la ha ocasionado el miedo.

Son más comunes que los terrores nocturnos y pueden aparecer en cualquier momento del sueño nocturno, siendo más frecuente que se produzcan durante  la mitad de la noche.

La edad en la que pueden surgir los primeros episodios suele estar entre los 3 y los 6 años, disminuyendo su aparición con el paso de los años. No obstante, hay que tener en cuenta que la evolución de las pesadillas es muy variable, con lo que en algunas ocasiones pueden persistir hasta la edad adulta.

4.3 Terrores nocturnos

Leer más...

Los terrores nocturnos son menos frecuentes que las pesadillas. Se caracterizan por episodios con despertares bruscos que normalmente ocurren durante el primer tercio de la noche.

Durante el episodio es habitual que el niño se siente bruscamente en la cama y comience a gritar, a llorar y que se refleje en su cara un intenso miedo. Aparecen, además, signos intensos de ansiedad (sudor frío, taquicardia…). A pesar de que tiene los ojos abiertos y en muchas ocasiones los mantiene fijos en un punto, el niño no está totalmente despierto y no es fácil despertarle a pesar de los esfuerzos que se puedan realizar para tratar de sacarle del trance tan desagradable en el que se encuentra.

Si finalmente se le despierta, se muestra desorientado, confuso y con una sensación vaga de terror y normalmente sin contenido. No conservan el recuerdo de lo que han soñado. Si no despierta totalmente, se vuelve a dormir inmediatamente.

A la mañana siguiente lo normal es que no se acuerden del episodio y si recuerdan algo, los contenidos no suelen ser muy elaborados, pueden hacer referencia solamente a alguna escena aislada de terror.

Normalmente se inicia en niños con edades comprendidas entre los 4 y los 12 años, remitiendo espontáneamente durante la adolescencia.

4.4 Sonambulismo

Leer más...

El sonambulismo, al igual que los terrores nocturnos, se produce en el primer tercio de la noche y se caracteriza por episodios en los que el niño se incorpora de manera brusca de la cama. Pueden aparecer conductas como sentarse en la cama sujetando o moviendo las sábanas o la almohada; realizar actividades más complejas como caminar o deambular por la casa; o incluso comportamientos automáticos como vestirse, peinarse, abrir o cerrar puertas, ventanas,… Durante el episodio el niño suele estar pálido, mantiene los ojos abiertos y la mirada fija, sin embargo, aunque ve y puede evitar los objetos que tiene a su paso, no responde a los estímulos ambientales, por lo que resulta inútil intentar hablar, darles indicaciones…

Normalmente el episodio suele durar entre unos minutos y media hora y finaliza cuando el niño, de manera espontánea (generalmente cuando ha realizado la actividad), vuelve a la cama o a cualquier otro lugar y sigue durmiendo.

Si se despierta o se le despierta durante el episodio, se mostrará confuso y desorientado y con signos de ansiedad, puede incluso mostrar comportamientos agresivos hacia la persona que le ha despertado. A la mañana siguiente no recordará nada de lo ocurrido.

En cuanto a la edad de inicio, no hay unanimidad. Algunos indican que aunque puedan aparecer a cualquier edad, los episodios suelen comenzar entre los 4 y 8 años y que su frecuencia máxima esta entre los 10 y los 14 años.

4.5 Otros…

5)  Problemas de autoestima

El concepto de autoestima en muchas ocasiones se suele confundir o utilizar indistintamente con el de autoconcepto. Digamos que el autoconcepto es la representación mental de la imagen que el niño tiene de sí mismo. Si quisiéramos conocer  su autoconcepto, le preguntaríamos  cómo se ve así mismo, dándonos una descripción de cómo se ve (soy guapo, alto, nervioso, tímido, listo…). Es como una fotografía “privada” que él mismo se ha realizado, sin valoraciones al respecto sobre las características que ha aportado.

Leer más...

La autoestima es el resultado de la evaluación que ha realizado sobre las características que utiliza para definirse. Se trata de su opinión. Esa valoración se realiza al comparar la imagen que tiene de sí mismo y que percibe en situaciones reales, con la imagen que tiene de cómo le gustaría ser en realidad. De esta forma, si la diferencia que hay entre ambas no es muy grande, es muy probable que no se presenten problemas de autoestima. Cuanta más diferencia haya entre las dos imágenes (la real y la que le gustaría), más probabilidades existen de que surjan problemas relacionados con la autoestima.

Es importante tener en cuenta que el hecho de haberse descrito con una cualidad que podamos culturalmente valorar como negativa, no siempre será un motivo de una baja autoestima. Por ejemplo, si un niño se describe como gordo, aun siendo consciente de este hecho, si para él ser delgado no es una cualidad importante para ser cómo “a él le gustaría ser”, entonces su autoestima no se verá afectada por esta descripción.

En cuanto a los problemas de autoestima, sería conveniente acotar el ámbito en el que puede presentarse esa carencia. No tiene por que presentar un problema de autoestima global, es decir, que tenga una falta de autoestima en todas las áreas (área escolar, social, familiar, físico, moral-ético). Se dan casos en los que se puede tener una autoestima normal en una o varias áreas, o a la inversa, que se de una baja autoestima en un área, dos…, pero no en todas (por ejemplo una baja autoestima sólo en el área física y el área social).

Los niños o adolescentes que puedan tener cierto déficit de autoestima, manifestarán con mas frecuencia que otros de su misma edad algunas de la siguientes características:

Respecto a sí mismos

Una de las características principales que presentan es la de ser extremadamente críticos consigo mismos. Además, son muy perfeccionistas, tienen un temor excesivo a cometer errores, son muy sensibles a la crítica y necesitan la aprobación continua de los demás.

Respecto a los demás

También son muy exigentes y críticos con los demás (padres, profesores, amigos, hermanos…). No suelen ser buenos compañeros de juego ya que no se divierten ni están relajados. Tienen una mayor dificultad para hacer amigos debido a los diferentes miedos que pueden presentar (hablar en público, hacer el ridículo…).

Es paradójico que estos niños no suelen generar problemas a los demás, suelen ser muy complacientes y aparentemente felices. No obstante, algunos ante situaciones inesperadas, pueden reaccionar de manera agresiva hacia los padres, profesores o los compañeros. Ésta es la forma que tienen de responder ante situaciones que les han podido generar tensión, frustración y/o tristeza, y que no han sabido gestionar en su momento. Todas esas emociones acumuladas se desbordan y se reflejan en esos posibles e inesperados comportamientos.

Respecto a cómo interpretan la realidad

Frecuentemente se centran en lo negativo e ignoran lo positivo. Tienen tendencia a culparse por todo lo que ocurre. Suelen ser muy extremistas, o todo está bien o todo está mal, no hay intermedios. También tienen tendencia a generalizar, es decir, de un suceso negativo concreto concluyen que todo lo demás estará mal (si suspenden puntualmente un examen de matemáticas interpretan que no se les dan bien las matemáticas). Además suelen estar convencidos que saben lo que los demás piensan de ellos (nada bueno), y de lo que ocurrirá en el futuro (esperan que todo les salga mal). Utilizan mucho la palabra “debería…”, (“debo hacerlo mejor”…,) y las etiquetas negativas para calificarse (“soy tonto“). Exageran sus errores y restan importancia a sus logros, mientras que con los demás hacen lo contrario y suelen ser más indulgentes.

6)  Duelo

El duelo es una reacción normal ante una pérdida, ya sea física o simbólica (muerte, separación o divorcio de los padres, fallecimiento de familiares, cambios de casa y/o colegio, pérdidas de mascotas). Se trata de una experiencia universal y natural, ya que forma parte de la existencia misma.

Leer más...

El “duelo normal” abarca una serie de sentimientos, sensaciones físicas y comportamientos que son comunes después de la pérdida, como la ansiedad, culpa, temor, rabia, tristeza, anhelo por lo perdido, inseguridad, insomnio o hipersomnia (exceso de sueño), cansancio físico, llanto, pérdida de peso,… Al mismo tiempo, repercute en las actividades diarias y en las relaciones sociales.

Cuando el dolor por la pérdida se intensifica demasiado, provoca un bloqueo que impide la elaboración del duelo normal. Esto generalmente se manifiesta en conductas no adaptativas.

Es importante tener en cuenta que en el duelo en niños y adolescentes, las reacciones tanto emocionales como comportamentales que se puedan producir, estarán determinadas por el desarrollo evolutivo en el que se encuentren.

7)  Celos

Los celos en la infancia implican un reacción adaptativa y transitoria, que provocan una alteración tanto emocional como de comportamiento en el niño. Ésta surge como respuesta al desequilibro que se produce en la dinámica afectiva familiar que existía hasta ese momento y que se altera con el nacimiento de un hermano. En algunos casos, si no se gestiona bien, ese carácter transitorio de los celos puede transformarse permanentemente.

Leer más...

En la mayoría de las situaciones, los celos pueden considerarse como respuestas propias de la edad, como sucede con la aparición de los miedos. Se trata de un proceso de adaptación y maduración normal de los niños. Sin embargo, no hay que olvidar que no todos los manifiestan de la misma manera y que hay diferencias en la intensidad y en la duración. Estas diferencias dependen de diferentes variables, tanto personales como ambientales.

Los celos como estado emocional, se caracterizan por el miedo que sienten a perder o a ver como se les reduce el cariño y la atención de sus seres queridos (padres). Se trata de ese miedo o inseguridad que sienten ante una amenaza, real o no, de perder su cariño, su atención o los privilegios que reciben de sus padres. Independientemente de que ese miedo sea objetivo o no, el malestar emocional que ellos experimentan es muy real.

Los celos, desde el punto de vista evolutivo, cumplen una función de aprendizaje. Son una oportunidad para aprender a compartir y a relacionarse con los demás. En definitiva, sirven para que aprendan, ejerciten y desarrollen su comportamiento social, primero en el ámbito de la familia y luego en contextos más amplios y complejos fuera del entorno familiar.

El niño por su edad es vulnerable y está expuesto a diferentes acontecimientos vitales que no sabe resolver, además, dependiendo de la etapa evolutiva en la que se encuentre, la adaptación a esas situaciones le puede resultar más complicada si no dispone de los recursos suficientes para afrontarlos. Si no se le ayuda a resolver esos conflictos, con el tiempo se pueden convertir en problemas más importantes que pueden interferir en su desarrollo evolutivo normal. Por lo tanto, un problema que comenzó siendo evolutivo, puede convertirse en patológico, y arrastrarse hasta la edad adulta.

Los celos se traducen en una serie de manifestaciones emocionales y de comportamiento y pueden ser muy variadas.

Entre las manifestaciones emocionales pueden aparecer sentimientos de dolor, rabia, tristeza, humillación, desesperanza, etc. Ese malestar emocional se reflejará tanto en su comportamiento como en su estado de ánimo.

Respecto a las manifestación conductuales que pueden aparecer son muy variadas. Entre ellas estarían:

  • Desobediencia. Esta es una respuesta natural a los celos.
  • Búsqueda de atención. Pueden interrumpir continuamente cuando se está atendiendo al hermano.
  • Retraimiento. Algunos niños se vuelven introvertidos, reduciéndose su autoestima al sentir que se le aparta de la nueva situación familiar. Esto supone un retroceso en su proceso de socialización, ya que huye de las interacciones sociales, se centra más en juegos solitarios, reduce sus salidas de la casa (estas son menores que antes de que se produjeran los celos).
  • Cambios de humor no justificados. Tristeza que, en ocasiones, acompaña de manifestaciones verbales que hacen referencia a no sentirse suficientemente querido. Se incrementa el llanto y las rabietas.
  • Cambios en el ritmo del sueño y en la conducta alimentaria. Pueden aparecer cambios asociados al sueño (insomnio, pesadillas, terrores nocturnos) y/o a la alimentación (falta o exceso de apetito).
  • Conductas de fastidio hacia el bebé. Los niños suelen irritar al bebe de manera deliberada, despertándole con pequeños empujones o pellizcos, quitándole un muñeco o el chupete, incluso abrumándole con excesiva atención física. Estos comportamientos suelen ser menos llamativos que las agresiones físicas violentas, pero se producen con una mayor frecuencia.
  • Agresividad. El continuo de la agresividad va desde conductas como la irritabilidad y el insulto, hasta la agresión física a personas u objetos inespecíficos o que estén relacionados con la persona hacia la que siente celos (el hermano). También se puede dar hacia uno mismo o hacia los demás (padres y/o compañeros).
  • Conductas evolutivamente inapropiadas. Esto suele ser lo más llamativo para los padres. Los niños vuelven a realizar conductas ya superadas en etapas anteriores, tales como volver al habla infantil, chuparse el dedo, querer dormir en la cuna, pedir a la madre que le de de comer, que le coja en brazos, volver a hacerse pis en la cama…

8)  Otros