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Otros problemas

psicologo alava vitoria otros-psicologo-alava-vitoriaComo se ha mencionado ya en otra sección, tanto la ansiedad como la depresión son las manifestaciones más habituales de los problemas que se presentan hoy en día, sin embargo no son los únicos. En esta sección se recogen algunos de ellos.

1)  Trastornos obsesivo – compulsivos y afines

Dentro de esta categoría, uno de los problemas más frecuentes sería el:

Trastorno obsesivo-compulsivo.

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En este problema la persona tiene miedo a que le suceda algún tipo de daño o a que le ocurra algún contratiempo a ella o a sus seres queridos.

Piensa que puede sobrevenirle una determinada enfermedad, un accidente, la muerte suya o la de sus seres queridos… Las posibilidades son infinitas, depende de cada individuo.

Para evitar que cualquiera de sus miedos se produzcan, aunque no se puede hacer nada que sea racional ni efectivo, la persona opta por realizar un ritual. Éste reduce su malestar de manera temporal, pero los miedos siguen estando ahí, con lo que, cuando vuelven a aparecer, la persona se ve obligada a realizar nuevamente el ritual para reducir su malestar.

Esto consume mucho de su tiempo diario, con lo que en muchas ocasiones, su vida personal, laboral, social, afectiva…, puede llegar a verse muy restringida.

Lo característico de este problema es la presencia de dos componentes claramente diferenciados:

  • Las obsesiones: Pensamientos, imágenes o impulsos involuntarios que aparecen en la cabeza de quien sufre este problema y que son los que amenazan a la persona con la posibilidad de que ocurra algo desagradable.
  • Las compulsiones: Comportamientos que la persona realiza para reducir ese malestar, ese miedo que siente. Estos comportamientos pueden ser físicos, por ejemplo lavarse las manos, ordenar las cosas de una determinada manera…, o mentales, como realizar operaciones numéricas, repetir mentalmente palabras. El objetivo de las compulsiones es neutralizar o anular las obsesiones para que estas no se hagan realidad.

La persona reconoce lo ilógico de su comportamiento y de que su ritual no está realmente conectado lógicamente con el miedo que siente y el peligro que quiere evitar, no obstante, no puede dejar de realizarlo. Es la forma que tiene de reducir o aliviar temporalmente su malestar. Esta es la manera en la que la persona, sin darse cuenta, está perpetuando su ritual y con ello su problema.

Se puede dar casi cualquier combinación obsesión/compulsión. No obstante, las obsesiones más frecuentes están relacionadas con: La suciedad, la enfermedad y la contaminación; la agresión a otros o a sí mismo; el estar en peligro uno mismo u otros; la sexualidad (dudas de orientación, diversos impulsos…).

Respecto a las compulsiones más frecuentes: De lavado, limpieza y desinfección; de comprobación (sobre cualquier tema); también de orden y simetría; de repetición

Otros…

2)  Trastornos relacionados con traumas y estresores

A lo largo de nuestra vida, en mayor o menor medida, todos estamos expuestos a experimentar situaciones estresantes o traumáticas, incluso a ver cómo otras personas las sufren. Estas experiencias pueden ser puntuales o repetirse durante años, naturales o provocadas por otras personas, o, incluso, ser accidentales o intencionales.

Aquí podemos hablar de tres tipos de trastornos:

2.1 Trastorno por estrés postraumático (TEPT)

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Cuando las situaciones estresantes son muy extremas, como muertes, amenazas de muerte, catástrofes naturales o provocadas, violencia física, sexual (reales o amenazas), etc., algunas personas pueden manifestar síntomas propios de este trastorno.

Se caracteriza por emociones como desconsuelo, depresión, ansiedad, culpabilidad, enfado…, además de otro tipo de reacciones, como, volver a revivir una y otra vez el suceso, evitar determinados lugares, personas o situaciones que le recuerden el trauma e incluso evitar hablar de ello

Las vivencias de estas situaciones no tienen por qué ser directas. La persona puede haber vivido la situación como una experiencia personal, pero también puede haber sido testigo de ella, incluso puede que la experiencia traumática la haya sufrido alguien cercano (un familiar, amigo). También se pueden producir este tipo de trastornos en personas que por su trabajo están continuamente expuestos a este tipo de situaciones, como personal sanitario o de emergencias (recogida de partes de cuerpos humanos…), incluso personal del cuerpo de policías (exposición repetida a relatos de abusos infantiles…).

2.2 Trastorno por estrés agudo (TEA)

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En este trastorno, el estresor puede ser el mismo que en el TEPT (trastorno por estrés postraumático), sin embargo éste tendrá que ser objetivamente más extremo y traumático en el TEPT que en el trastorno por estrés agudo (TEA).

Entre el TEPT y el TEA también se dan diferencias en sus síntomas, su duración… Las personas con trastorno por estrés agudo tienen más posibilidades de desarrollar el trastorno por estrés postraumático (TEPT), sin embargo es importante no olvidar que no todas las personas con este trastorno tienen por qué desarrollar un TEPT.

2.3 Trastorno Adaptativo (TA)

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En el trastorno de adaptación (TA) los acontecimientos que se han sufrido no son tan fuertes, pero sí se prolongan en el tiempo,  por ejemplo, una pérdida de trabajo, un cambio de domicilio, una separación, etc. Los síntomas que se experimentan son menos intensos.

Se caracteriza por síntomas emocionales o comportamentales como respuesta a un acontecimiento estresante identificable o de estrés, donde no se ha producido un ajuste adecuado a la situación.

El malestar producido por este trastorno afecta al funcionamiento normal de la vida personal, social, laboral…

2.4 Otros..

3)  Trastornos de síntomas somáticos o somatomorfos.

3.1 Trastorno de Somatización.

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La persona presenta sintomatología física que no puede ser explicada por una enfermedad conocida ni por los efectos de alguna sustancia, es decir, no tienen una explicación médica.

Los síntomas pueden afectar a cualquier parte del cuerpo, aunque los más frecuentes son las molestias gastrointestinales, dérmicas (problemas en la piel), así como quejas sexuales y menstruales. En muchas ocasiones pueden aparecer también síntomas depresivos y/o de ansiedad.

Estos síntomas deben ocasionar un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral, familiar o en cualquier otra área significativa de su vida. Además, suelen ir acompañados por pensamientos, emociones y conductas relacionados con los síntomas y en ocasiones pueden aparecer pensamientos desproporcionados y persistentes relacionados con la gravedad de los síntomas que padece.

3.2 Trastorno ansioso por enfermedad (hipocondría).

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La característica más frecuente de este trastorno es la preocupación persistente por tener o poder padecer una enfermedad grave. No suelen aparecer síntomas somáticos y, si los hay, suelen ser de intensidad leve. El nivel de ansiedad que se padece respecto a la salud es alto.

Estas personas suelen realizar excesivos comportamientos relacionados con la salud, por ejemplo comprueban repetidamente los signos de la enfermedad que piensan que tienen, o evitan excesivamente conductas adaptativas respecto a la misma, como evitar las citas con médicos y hospitales.

3.3. Otros…

4) Insomnio

El insomnio se caracteriza por la reducción de la capacidad de dormir como consecuencia de factores psicológicos, biológicos y/o ambientales. Se produce una incapacidad para dormir las horas necesarias para poder funcionar correctamente durante el día.

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La persona está insatisfecha bien por la calidad o por la cantidad del sueño, reflejándose éstas en:

  • La dificultad para iniciar el sueño,
  • La dificultad para mantenerlo debido a, despertares frecuentes o a la dificultad para volver a conciliar el sueño después de haberse despertado.
  • Despertarse pronto por la mañana siendo incapaz de volver a dormir.

Esta alteración del sueño le provoca un malestar significativo e interfiere en diferentes áreas de su vida (laboral, personal, familiar…).

5)  Duelo

El duelo es una reacción normal y universal ante la pérdida de algo valioso para nosotros. No se relaciona únicamente con el proceso de la muerte, sino también con aquellas situaciones en las que se ha perdido algo importante (el trabajo, un amigo, una casa, la pareja, un objeto significativo…).

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Algunas de las manifestaciones más comunes que se producen en el denominado “duelo normal” y que son habituales después de pasar por una pérdida, se revelan a través de sentimientos como la tristeza, enfado, culpa y autorreproche, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, shock, anhelo, alivio, insensibilidad. Sensaciones físicas de vacío en el estómago, opresión en el pecho y/o garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización (“nada parece real, ni uno mismo), falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, sequedad de boca. Cogniciones como incredulidad, confusión, preocupación, alucinación, sentimiento de presencia. Conductas como trastornos del sueño, alimentarios, conducta distraída, aislamiento social, sueños con lo perdido, en ocasiones se evitan recuerdos y en otras se pueden dar conductas contrarias, como visitar lugares, guardar objetos que nos recuerden lo que hemos perdido, suspirar, llorar…

Teniendo en cuenta que el duelo es una manifestación normal y universal, cuando el dolor que siente la persona se intensifica, bloquea los mecanismos para elaborarlo y eso se manifiesta en conductas que no resultan adaptativas. La intensidad y la persistencia de la sintomatología que se percibe en algunas personas, es lo que permite determinar la existencia de un duelo no resuelto.

6)  Autoestima

Dependiendo de los autores, los conceptos de autoestima y autoconcepto los diferencian o los utilizan indistintamente como uno solo. En este caso, me inclino por la separación de los mismos.

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El autoconcepto es lo que la persona piensa de sí misma, la imagen que tiene de lo que es. Estaría formado por diferentes áreas: Social, laboral, familiar, física, global. Otros autores describen más áreas: Aspecto físico, relación con los demás, personalidad, cómo me perciben los demás, rendimiento laboral, ejecución de tareas cotidianas, etc.

La autoestima está formada por la relación entre el autoconcepto, es decir, lo que la persona piensa de sí misma y lo que en realidad le gustaría ser, “el ideal”. En la autoestima se realiza una valoración entre lo que la persona es y cómo le gustaría ser, valoración que no se producía en el autoconcepto.

Cuanto más distancia haya entre el autoconcepto y el ideal, más problemas de autoestima se encontrarán.

En resumen, la autoestima sería la suma del conjunto de juicios que realizamos sobre nuestro propio valor y nuestra competencia en diferentes áreas.

7)  Otros…